Como motivo de la celebración de la Jornada por la Vida Consagrada, quisiera agradecer a todos los consagrados su servicio y entrega a la Iglesia e invitarlos a, como Simeón, conservar siempre la esperanza.
Decía el Papa Francisco en su homilía de hoy que “En la oración [Simeón] aprendió que Dios no viene en acontecimientos extraordinarios, sino que realiza su obra en la aparente monotonía de nuestros días, en el ritmo a veces fatigoso de las actividades, en lo pequeño e insignificante que realizamos con tesón y humildad, tratando de hacer su voluntad”.
Cuántos consagrados en nuestra Diócesis como Simeón, “cargados de años”, siguen “caminando con paciencia”, sin dejarse “desgastar por el paso del tiempo”. En ellos, que han conservado la llama de su corazón ardiendo, podemos contemplar el ejemplo vivo de quien vive con la esperanza de que Dios siempre cumple sus promesas.
Con el Papa, pedimos a Dios que esa esperanza se traduzca en “la paciencia cotidiana de quien, a pesar de todo, permaneció vigilante, hasta que por fin ‘sus ojos vieron la salvación’ (cf. Lc 2,30)”.








