Hoy se cumplen 20 años de la beatificación de Charlie

Hoy se cumplen 20 años de la beatificación del puertorriqueño Carlos Manuel Cecilio Rodríguez Santiago.

Este día es una oportunidad para recordar que Dios nos ha llamado a todos a la santidad. También, una oportunidad para conocer más sobre la vida de este laico; su ocupación preferida era el apostolado litúrgico. La Eucaristía, sobre todo, se convirtió en centro de su vida.

Admiraba mucho el sacerdocio y la vida religiosa. De cada orden o congregación religiosa admiraba una característica particular, pero aparentemente en ninguna encontraba la totalidad de sus aspiraciones. Su hermano José Modesto expresó que si alguna vez Chali pensó en el sacerdocio como opción para él, el nunca lo comunicó. Realmente su vocación en la vida era otra – conocer a Cristo y darlo a conocer, amar a Cristo y hacerlo amar.

Charlie fue célibe porque así lo eligió libremente en un discernimiento serio y responsable en el que sin duda tuvo que pensar en el conjunto de su personalidad, su salud (padeció de colitis ulcerosa) y las necesidades del mundo que vivía.

En la Universidad de Puerto Rico, defendía la Verdad de la fe unida a la razón, explicando la doctrina moral de la Iglesia en temas que para otros podían resultar controvertibles. Con su dinero, creaba un boletín de temas de la fe, que enviaba por correo postal. A pesar de tener una condición de salud que le impidió continuar sus estudios, mantenía su buen humor. Se esforzaba para que otros aprendieran a vivir la Misa y comprendieran la grandeza de lo que ocurría en la celebración.

Toda su vida fue una preparación para la Pascua. El amor de Cristo le exigía vivir en el “gozo pascual”. En particular, trabajaba todo el año para hacer de la Vigilia Pascual un acontecimiento único, de donde se cita su conocida frase “Vivimos para esa Noche”, en referencia a la Pascua Eterna del encuentro con Jesús en el cielo.

Provenía de una familia humilde. Siendo menor de edad, sufrió profundamente cuando su familia tuvo que llevarlo a estudiar en la escuela pública, pues extrañaba las misas del colegio. En su cuarto, tenía un altar donde “María ocupaba un lugar prominente. Recordaba y nos hacía recordar todas las fiestas marianas durante el año, en particular la Inmaculada Concepción y la Asunción”, según relata su hermano, el abad José, en declaraciones recopiladas por Pablo E. Negroni, del Círculo Carlos M. Rodríguez.
Murió de cáncer el 13 de julio de 1963. Perfumado de Liturgia y Evangelio. En Olor de Santidad.

Una de las frases del beato destacadas en el escrito es: “La santidad no es una especialización: es la vida cristiana, toda la vida, todas las vibraciones del alma, todos los instantes de una existencia dignificada por la gracia de Cristo”. De ese modo dejó claro que todos estamos llamados a la Santidad.