En esta Jornada de la Vida Consagrada, quisiera dar gracias a Dios por todos los consagrados que sirven en la diócesis de Arecibo.

En la Fiesta de la Presentación del Señor, ha explicado el Papa Francisco, que siendo Simeón un hombre sencillo, “entre todos los hombres que aquel día estaban en el templo, sólo él vio en Jesús al Salvador”.
“También vosotros, queridos hermanos y hermanas consagrados, sois hombres y mujeres sencillos que habéis visto el tesoro que vale más que todas las riquezas del mundo. Por eso habéis dejado cosas preciosas, como los bienes, como formar una familia. ¿Por qué lo habéis hecho? Porque os habéis enamorado de Jesús, habéis visto todo en Él y, cautivados por su mirada, habéis dejado lo demás. La vida consagrada es esta visión. Es ver lo que es importante en la vida. Es acoger el don del Señor con los brazos abiertos, como hizo Simeón. Eso es lo que ven los ojos de los consagrados: la gracia de Dios que se derrama en sus manos. El consagrado es aquel que cada día se mira y dice: ‘Todo es don, todo es gracia’. Queridos hermanos y hermanas: No hemos merecido la vida religiosa, es un don de amor que hemos recibido”, expresó el Papa Francisco.
Sabiendo que la vida religiosa en nuestra Diócesis de Arecibo también es “un don de amor que hemos recibido”, ruego al Señor por un aumento en las vocaciones a la vida consagrada. Esa intención y mi acción de gracias las presentaré sobre el nuevo altar que hoy consagraré en el Convento de las Siervas de María. Y en este Año de San José imploramos su intercesión por todos los consagrados para que les alcance la gracia de seguir creciendo en la fidelidad y obediencia a la voluntad de Dios.
Al mismo tiempo, confío que todos los consagrados de nuestra diócesis podamos encontrarnos el próximo 13 de febrero para celebrar juntos la Santa Misa en el Santuario Diocesano Virgen del Perpetuo Socorro.







