A continuación, compartimos las lecturas del Encuentro Familiar de Oración para hoy Martes Santo, propuesto por la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de Arecibo.
Las familias están invitadas hoy a colocar una lanza al pie de una cruz que fue ubicada en un lugar visible desde el exterior de la casa. La lanza puede ser confeccionada con los materiales que tengan a la mano.
ENCUENTRO FAMILIAR DE ORACIÓN – MARTES SANTO
Signo: Una lanza (Para colocar al pie de la Cruz)
Oración para colocar la lanza:
Te adoramos, oh llaga amorosísima del costado de Jesús; ¡quién pudiese morar siempre en ese sagrado asilo, en este Divino Corazón en el que descansan los escogidos! Por la Sangre y Agua preciosa que salió de ese Costado abierto con una lanza por amor a nosotros, y por el agudo dolor que atravesó tu amantísima Madre, concédenos, Señor, la perseverancia final y llena nuestros corazones de los nobles afectos que animaban a tu Divino Corazón. Amén.
Introducción:
Padre/Madre: El evangelio de hoy nos presenta tres personas: la primera es un hombre preocupado por sus propios intereses y necesidades, su satisfacción egoísta. No es una persona libre; no está abierto a Cristo, porque está sirviendo al dinero y a la codicia. Traicionará a Jesús. Este hombre es Judas. Después, hay un segundo hombre, una buena persona, abierto a Cristo, pero débil. Trata de ocultar su fragilidad con valentía impetuosa y autosuficiente. Pero flaquea en la hora de la prueba. Negará a Jesús. Esta persona es Pedro. La tercera persona es Jesús. Él es totalmente desinteresado y generoso, totalmente abierto a Dios y a todo el mundo. Es el perfecto servidor, la persona-para-otros, que viene descrito de nuevo hoy en la Primera Lectura con las palabras del Segundo Canto del Siervo de Dios. Y, porque fue el siervo perfecto, pudo salvarnos a todos.
Oración Inicial
Padre/Madre: Señor Dios nuestro: tu Hijo, Jesucristo, tuvo que sufrir la humillación de ser negado y traicionado por aquellos a quienes llamaba sus amigos. Pero convirtió su pasión y su muerte en instrumentos de amor y reconciliación. Haznos como él, “personas-para-los-demás”, que aceptemos dificultades, incluso incomprensiones y traiciones de nuestros mejores amigos, y que las transformemos en fuentes de vida y alegría para todos los que nos rodean. Guárdanos siempre fieles a ti y los unos a los otros. por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Liturgia de la Palabra:
Lector: Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38):
En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: – «En verdad, en verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: – «Señor, ¿quién es?». Le contestó Jesús: – «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: – «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús: – «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con ustedes. Me buscaran, pero lo que dije a los judíos se lo digo ahora a ustedes: “Donde yo voy, ustedes no pueden ir”» Simón Pedro le dijo: – «Señor, ¿a dónde vas?». Jesús le respondió: – «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde». Pedro replicó: – «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó: – «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
Palabra del Señor
Reflexión:
Padre/Madre: Estamos en el segundo día de la Semana Santa. Los textos del evangelio de estos días nos confrontan con los hechos terribles que llevarán a la detención y a la condena de Jesús. Los textos nos traen sólo las decisiones de las autoridades religiosas y civiles contra Jesús, pero no nos relatan las traiciones y negaciones de los discípulos que posibilitaron la detención de Jesús por parte de las autoridades y contribuyeron enormemente a aumentar el sufrimiento de Jesús.
La miseria del hombre consiste en haber traicionado a Dios. Ninguna injusticia humana será de verdad reparada hasta que no se repare esta injusticia con Dios. Nos acusamos unos a otros, y todos somos culpables. Y los más culpables somos nosotros, los cristianos mediocres. Siempre deberemos hacer esta confesión, siempre seremos indignos de Cristo. Pero no es el momento de procesar al hombre cuando Dios agoniza en nuestros corazones.
Ciertamente, hay necesidades materiales que debemos satisfacer hoy, pues hay miserias corporales que no pueden demorarse ni una hora más. Mi intención no es tanto la de atenuar el sentimiento de su urgencia cuanto demostrar que su existencia proviene de nuestro abandono de Dios y que su curación se derivará infaliblemente de nuestro retorno a Dios. Lo que resulta tan grave en la hora presente —y a la vez tan grande— es que todos los problemas conllevan, de manera muy acuciante, una resonancia mística, comprometen el Reino de Dios y nos imponen el deber inexorable de ayudar a Dios crucificado, condenado por nuestro egoísmo y prisionero de su Amor; compadeciendo su dolor antes de enternecernos por el nuestro, esforzándonos por aliviar la herida que hace derramar sangre a su corazón.
Ahora es el tiempo de salir a su encuentro en el camino doloroso al que las culpas humanas le arrastran martirizando su rostro en el alma pecadora. Es necesario que nuestro corazón se convierta en sacramento del suyo y que ninguno de nuestros hermanos pueda lamentarse de no haber encontrado en nosotros su ternura. Entonces disminuirán el dolor y la sombra que proyecta sobre el rostro del Amor
Oración de los Fieles
Padre/Madre: Tanto amó Dios al mundo que entregó su único Hijo para salvarnos y darnos vida con su muerte y resurrección. Roguemos a Jesús por todos los que sufren y digámosle: Señor, por tu cruz redimiste al mundo.
Hijo/a: Por aquellos cuyos ideales se han desvanecido, para que sepan ver y aceptar todavía la novedad de vida y se renueven constantemente a sí mismos, roguemos al Señor. R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.
Hijo/a: Por los eternos perdedores en sus luchas personales contra las fuerzas del mal, para que confíen en Cristo, cuya gracia es más poderosa que el pecado y que la muerte, roguemos al Señor. R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.
Hijo/a: Por los que viven solos, alejados, o encerrados en sí mismos, para que acepten la compañía de Cristo, y, por medio de él se abran a otros, roguemos al Señor. R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.
Hijo/a: Por todos nosotros, para que aprendamos de nuestro Señor mismo a cargar nuestras cruces con paciencia y humildad, para que de alguna manera nos traigan vida, a nosotros y a nuestros prójimos, roguemos al Señor. R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.
Hijo/a: Por los miembros de esta nuestra comunidad, para que, como Jesús, nuestro Salvador, seamos pobres, serviciales y abiertos y sensibles a todas las necesidades, roguemos al Señor.
R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.
Hijo/a: Por los que son particularmente vulnerables, oremos por seguridad y protección; y por todos los que experimentan temor o ansiedad en estos momentos, oremos por paz mental y espiritual, roguemos al Señor. R/ Señor, por tu cruz redimiste al mundo.
Padre/Madre: Señor Jesucristo, tu cruz sigue siendo para nosotros un misterio, como todos los dolores y necesidades que nos laceran. Sin embargo, confiamos en tu palabra y ejemplo de que ése es un camino de alegría y libertad. Transforma nuestras cruces, y hazlas portadoras de vida y felicidad, ahora y por los siglos de los siglos. Amén
Rezo del Padre Nuestro
Padre/Madre: Fieles a la recomendación de nuestro Salvador, y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir: Padre Nuestro…
Oración Final:
Padre/Madre: Señor Dios y Padre nuestro: como Judas o Pedro, nosotros, a veces, también te hemos traicionado, cuando rompimos nuestra amistad contigo y cuando negamos a nuestro prójimo el derecho a ser libre y feliz. Queremos que, de ahora en adelante, él sea nuestra fuerza para llevar justicia y dignidad incluso a los últimos y menos considerados entre nuestros hermanos y hermanas. Que sea también nuestra fuerza para construir entre todos tu comunidad de alegría y esperanza, en la que viva Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro por los siglos de los siglos. Amén
Exhortación final: Una de las experiencias más tristes en la vida es ver el amor y la confianza de uno incomprendidos, negados, o incluso traicionados. Ésta fue la suerte de Jesús. Él sufrió por ello, sin embargo, lo aceptó voluntariamente en orden a deshacer nuestras deslealtades y traiciones. Por eso su mismo amor y lealtad al Padre y a nosotros fueron tan lejos como se pueda imaginar: hasta la muerte. Y es así como ganó para nosotros el valor para amar sin contar el precio y para ser fieles hasta el fin. Que el Señor nos colme con su bendición. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.








