
A continuación, compartimos las lecturas del Encuentro Familiar de Oración para hoy Lunes Santo, propuesto por la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de Arecibo.
Las familias están invitadas hoy a colocar una corona de espinas sobre una cruz en un lugar visible desde el exterior de la casa, donde ayer se propuso exhibir una rama verde. La corona puede ser confeccionada con los materiales que tengan a la mano.
ENCUENTRO FAMILIAR DE ORACIÓN – LUNES SANTO
Signo: Corona de Espinas (Para ser colocada en la Cruz). Una vez colocada la Corona de Espinas, se procede a rezar la siguiente oración:
Jesús, cuya Sagrada Cabeza hemos lacerado con una corona de espinas, ten misericordia de nosotros y perdona al mundo.
Jesús, quien está sufriendo místicamente el dolor y la agonía de nuestra malvada corona de espinas en tu Sagrado Corazón, ten misericordia de nosotros y perdona el mundo.
Jesús, que sufres la ignominia de nuestra corona de espinas, ten misericordia de nosotros y perdona al mundo.
Introducción:
Padre/Madre: La Semana Santa es para nosotros el tiempo en que meditamos sobre la muerte salvadora de nuestro Señor. Los días de su sufrimiento se acercan. La liturgia de la Semana Santa caracteriza a Jesús como el Siervo de Yahvé. Este primer cántico habla, quizás directamente, sobre la actitud y la misión del pueblo de Dios, pero encontramos esas actitudes plenamente ejemplificadas en Jesús, el perfecto Siervo de Dios y siervo del pueblo. Jesús nos muestra cómo el Siervo de Dios vino a servir a los pobres y a los que sufren, trayéndoles justicia y libertad, y luz en la oscuridad para todos; él será la Alianza viviente para nosotros, el pueblo, uniéndonos con Dios y los unos con los otros. Todo esto lo hizo por nosotros por medio de su muerte salvadora.
Oración Inicial
Padre/Madre: Señor Dios nuestro: Tú has llamado a los hombres a ser servidores unos de otros
en la causa por la justicia y la misericordia. Tú nos mostraste en Jesús, tu Hijo, qué significa servir y cuánto nos puede costar el servicio. Llénanos con el Espíritu de Jesús, para que no quebremos a los débiles ni rechacemos a los que andan a tientas en la oscuridad. Que él nos enseñe a servir y a amar, con compasión hacia los desamparados y respeto hacia los más pobres y pequeños, juntamente con Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Liturgia de la Palabra:
Lector: Lectura del santo evangelio según san Juan (12,1-11):
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo: – «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tienen». Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.
Palabra del Señor
Reflexión:
Padre/Madre: “Y la casa se llenó del olor del perfume.” El acto de amor de María hacia el Maestro fue el verdadero aroma que llenó la casa aquel día. Ésta es y será una de las grandes paradojas del evangelio: “hay más felicidad en dar que en recibir”.
El evangelista resalta que el perfume era de gran valor. Algunos lo consideraron una exageración, un derroche, un desperdicio… Sin embargo, nos damos cuenta de que no es una forma de pensar exclusiva de aquellos tiempos, sino algo que se extiende hasta nuestros días. El perdón viene interpretado como debilidad, la generosidad como locura, el servicio a los demás como una humillación. Y es que el metro con el que se juzgan esos actos sigue siendo el egoísmo y no el honor que se nos otorga al tener la oportunidad de dar gloria a Dios y de amarle en nuestros hermanos.
Poder donarse a los demás es un verdadero honor, pues Cristo siempre cumple la promesa que hizo a quienes siguieran sus enseñanzas: “el ciento por uno en esta vida y la vida eterna en el cielo”. Amar a Dios y a los demás nos exige un precio (entregar alguna comodidad, dejar que otro sea preferido a mí, ceder mi tiempo, etc.), pero a la vez nos otorga la felicidad más grande del hombre. ¡No tengamos miedo a ennoblecer nuestra vida con el perfume del amor!
Oración de los Fieles
Padre/Madre: La indiferencia y la rutina son quizás más paralizantes y corrosivas para la vida cristiana que las calamidades y sufrimientos agudos, ya que muchas veces no somos conscientes de ellas. Pidamos a nuestro Padre del cielo que sepamos luchar para ganar de nuevo nuestra libertad, que Cristo nos la recuperó con su vida, y digamos: R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Hijo/a: Por la Iglesia, para que como el Señor, Jesucristo, rechace y rehúya posiciones de poder para así poder participar en la vida y miserias de los fieles y para alzarlos a las alegrías y vida del Señor Resucitado, roguemos al Señor. R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Hijo/a: Por los resignados a vivir una vida de rutina y aburrimiento, para que respondan al reto de Cristo de crecer hasta su plena madurez, roguemos al Señor. R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Hijo/a: Por los que han entregado su libertad a la publicidad, a la presión social y al conformismo, para que se atrevan de nuevo a ser ellos mismos y a tomar sus vidas en sus manos, roguemos al Señor. R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Hijo/a: Por los que luchan contra la injusticia y la opresión, para que no les mueva el odio y el deseo de revancha, sino que se dejen guiar por un genuino amor e interés por su prójimo, roguemos al Señor. R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Hijo/a: Por todos los que tienen miedo a la muerte, para que confíen en Cristo, que venció a la muerte con la cruz, y la transformó en regalo de vida, roguemos al Señor. R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Hijo/a: Por todos los que han contraído coronavirus, oremos por atención medica inmediata y sanación rápida, roguemos al Señor. R/ Haz libre a tu pueblo, Señor.
Padre/Madre: Señor, Dios nuestro, la muerte leal de tu Hijo hizo posible para nosotros llegar a ser personas libres y descubrir alegría en su plenitud. Que, a través de su muerte y resurrección, las penas y tormentas de la vida se conviertan en instrumentos de libertad, alegría, y felicidad, prometidas a nosotros por Jesucristo nuestro Señor.
Rezo del Padre Nuestro
Padre/Madre: Sabiéndonos servidores los unos de los otros, dirijamos ahora al Padre neustra oración con la plegaria que Jesús nos enseñó: Padre Nuestro…
Oración Final
Padre/Madre: Señor Dios nuestro: Por el cuerpo y la sangre de tu Hijo nos llamas a servir a la causa de lo justo y bueno. Te pedimos que aliente en nosotros, tu pueblo, el Espíritu de justicia de tu Hijo, y que él mismo, Jesús, nos tome de la mano y nos haga fuente de unidad y de luz
para los pobres y ciegos de hoy, y para los que sinceramente buscan amor y verdad. Quédate con nosotros, tu pueblo. Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Exhortación final: Sabemos que, en estos días de Semana Santa, Jesús el Señor nos conducirá de la muerte a la vida, si aprendemos de él a amarnos y a servirnos unos a otros; y a vivir los unos para los otros, aun a costa de sacrificio. Que el Señor nos dé valor para ello. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.







