El Obispo de Arecibo, Monseñor Daniel Fernández Torres, envió hoy su ponencia escrita ante la Comisión de Asuntos Federales del Senado que tiene a su cargo la discusión del Proyecto del Senado 1000, que pretende prohibir las terapias reparativas.
La nueva ponencia se suma a la que Fernández Torres envió el pasado miércoles, 11 de julio, que en aquella ocasión se expresó sobre otro Proyecto de Ley, el PS 950, que trata sobre el tema del aborto.
En su escrito de hoy, el Obispo reiteró la preocupación que de convertirse en ley el PS1000, la medida propuesta se utilice para penalizar a los padres y profesionales con convicciones, así como a las instituciones de base de fe, “a quienes no sólo ya se les pide que dejen a un lado sus creencias, sino que ahora se les obligaría a apoyar las relaciones sexuales homosexuales entre menores de edad, con la única recomendación de que usen preservativos”.
En su ponencia, reiteró las palabras del Papa Francisco sobre el “respetuoso acompañamiento” que las familias están llamadas a dar a la persona con atracción hacia el mismo sexo, explicando que “los padres católicos están llamados a acompañar a sus hijos con compresión y respeto, evitando todo signo de discriminación injusta contra ellos como personas humanas con toda la dignidad de los hijos de Dios, orientándoles sobre el sentido de la sexualidad humana a la luz de la fe, y guiándoles en el camino hacia la perfección cristiana mediante la castidad, que implica abstenerse de los actos homosexuales, que ‘no pueden recibir aprobación en ningún caso’”.
“Dicho esto, nos preocupa que se pueda además usar esta medida para ordenar, sin autorización de los padres, a modo de medida de salud mental, intervenciones dirigidas al “desarrollo de la identidad sexual” homosexual a los menores, según las definiciones del artículo 1 de la medida, que podrían entrar en conflicto con las convicciones morales y de fe de la familia”, prosiguió.
Además, reiteró su preocupación de que la medida propuesta coarte la libertad del paciente a buscar alternativas de tratamiento que no contradigan sus convicciones.
“El Proyecto de ley propuesto presenta una forma de discriminación contra las personas con convicciones de fe que desean buscar un acompañamiento que vaya acorde con sus convicciones, contra los padres con convicciones y contra los profesionales de la conducta humana con convicciones de fe”.
“Más que avanzar un interés apremiante, constituye una nueva herramienta para suprimir las ‘ideas no populares’. Desde su Exposición de Motivos, parte de premisas discriminatorias contra la fe al clasificar el consejo religioso y la oración dentro de los ‘métodos no aceptados por la ciencias de la salud’ enumerados en el segundo párrafo de esa sección.
Además, la amplitud de su definición de terapia reparativa, en la práctica, abarca a toda intervención que no esté dirigida a desarrollar la conducta homosexual, y la estigmatiza desde su Exposición de Motivos, como ‘pseudocientífica’, ‘cargados de homofobia y heterosexismo’ y ‘potencialmente letal’”.
“Aunque un tratamiento particular no es un dogma de fe, sí la lucha contra las inclinaciones homosexuales puede tener un profundo arraigo en las convicciones religiosas del paciente”, resumió.
“Por todo lo antes expuesto, nos oponemos al PS 1000”, concluyó.
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