En este tiempo de Cuaresma que comenzamos con el Miércoles de Ceniza, 14 de febrero, fecha que secularmente se celebra como “Día del amor, de los enamorados, de la amistad…”, les invito a recordar a Aquél que nos amó hasta el extremo, entregando su vida en la cruz. También nosotros tenemos que disponernos a amar, mostrando nuestro amor con las obras.
Así nos lo ha recordado el Papa Francisco al inicio del año 2018:
“Somos conscientes de que no es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. (…) Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados”.
Que las obras de misericordia y ayuno que nos propone la Santa Madre Iglesia para este tiempo se convierta en un itinerario permanente de acogida al otro, renuncia a las ambiciones de poder y de cambiar el materialismo por austeridad y pobreza evangélica, donde nuestro corazón ya no esté en los tesoros de la tierra, sino en el tesoro del cielo: el amor infinito de Dios.







